Vallarta, el cocodrilo y la estupidez infinita

En Puerto Vallarta, la guerra entre cocodrilo y humano no ha cesado.

 

Estas tierras del Cuale, territorio de salvajes colores, tortugas y ballenas dueñas del cálido océano, guacamayas y fragatas dominantes en los cielos y gigantescos saurios que miran lacónicos la agresiva invasión de la raza humana.

 

Sí, ese ser humano “inteligente y pensante” que por un lado le rinde culto a la flora y fauna y por el otro, en el colmo de la ignorancia, procura sangrientas y crueles carnicerías de nuestras especies en peligro de extinción.

 

ADIÓS CASIMIRO

 

Un cocodrilo decapitado impunemente, un pescador fallecido y otro cocodrilo sacrificado es el saldo que refleja los últimos 3, 4 días de esa dolorosa relación que existe entre la humanidad y los saurios.

 

Vallarta tuvo que decir adiós a Casimiro, un ejemplar de 40 años de madurez que vivía en el Estero El Salado, después liberado para que un “hijo de vecino cualquiera” le mochara la cola para finalmente decapitarlo.

 

Hoy, la ciudad se volvió a vestir de luto, primeramente por la muerte de un pescador que fue devorado por un cocodrilo en el río Ameca. Sí, el cauce de agua más grande y caudaloso de la región que es santuario de los propios cocodrilos. El resultado final es que ya identificado el saurio, será sacrificado para poder recuperar los restos del pescador.

 

¿DESDE CUÁNDO VIVEN LOS COCODRILOS AQUÍ?

 

La fuerza ancestral del cocodrilo en aguas de la Bahía tiene eco desde 1621, en donde el cronista Lázaro de Arregui anota que nuestro Ameca es “un río muy caudaloso de alto a bajo, dejando la mitad al mediodía (sur) y la otra mitad al septentrión (norte) y entra en el mar en el mismo valle muy cerca del cabo de Corrientes (…) y en todo el río muchos caimanes, como en todos los de la costa”

 

Es decir, hay documentos que certifican que el cocodrilo vivía en nuestra Bahía desde hace cuatro siglos.

 

¿QUE HACE UN COCODRILO EN EL MAR?

 

El cocodrilo de río ha existido en la bahía desde hace millones de años y como ya vimos, su registro data desde 1621, pues bien, su hábitat en aquellos años era inmenso, virgen, de difícil acceso e íntimo.

 

Los registros certifican que su reino abarcaba desde el estero El Salado hasta la laguna de El Quelele. Es decir, desde La Aurora en Puerto Vallarta hasta Mezcales en Bahía de Banderas.

 

El turismo, capitalismo, ambición, inmobiliarias, crecimiento urbano, urbanización, “progreso”, ha fragmentado su hábitat a solo un 10%.

 

La destrucción de su hogar, provoca que busquen otros espacios donde sobrevivir, por ello es común verlos en el mar pues lo utilizan como canal de traslado a nuevos territorios, por ejemplo, un cocodrilo nadando desde El Salado al río Pitillal.

 

Su hábitat antes, tras la intervención humana, su hábitat actual.

 

Recordemos que Vallarta tiene esteros y 7 ríos, todos ellos son espacios potenciales para desarrollarse, que no se nos haga extraño ver a un cocodrilo en las inmediaciones de la Isla del río Cuale ni mucho menos en la Marina o cerca de Mojoneras.

 

Ellos son una máquina perfecta en evolución y a lo largo de millones de años han desarrollado un sentido de orientación exacto, por ello, la “reubicación” que muchos “eruditos” sugieren es estéril, pues el cocodrilo siempre regresará a su territorio origen. Ellos tienen el control de su ciclo de vida hasta que es violentado por el humano.

 

¿LA SEÑALÉTICA ES SUFICIENTE?

 

La historia nos dice que no. Señales, letreros, anuncios, campañas publicitarias, boletines, campañas de cultura, ecoturismo, desplegados en medios de comunicación y redes sociales, etc., no es suficiente ante un humano que no respeta sus espacios.

 

La pesca rústica, nado y actividades de recreo en su hábitat, el alimentarlos, pasear por las riberas ubicadas como santuario, solo pone en peligro a todos.

 

 

El azul del mar y el verde oscuro que refleja el estero hablan de una cultura de prevención, no de aniquilar vida.

 

La cuencas y cañones de nuestras montañas se encuentran marcadas por caracoles, fósiles y grafitos de ese ayer que retratan la rústica convivencia humana con la fauna terrestre y marina que se apostaban en los márgenes de nuestros ríos y mar. Una poderosa relación que hoy día se ha convertido en cenizas y tragedias.

 

¿Podremos algún día vivir en armonía?

 

Y así vivimos día a día la relación humano y cocodrilo, cuyo único pecado de éste último fue haber nacido como reptil en un mundo donde después abundó la estupidez infinita.

 

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